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El interés social en las pesquerías de captura silvestre gestionadas de forma sostenible, ha incrementado en los últimos 20 años como consecuencia de una preocupación creciente sobre los límites finitos de la capacidad de la Tierra para alimentar una población humana creciente, y el reconocimiento de que los recursos de alimentos renovables valiosos, tales como las pesquerías marinas, pueden ser agotados a través de una sobre cosecha y una gestión inadecuada. Los gobiernos y las Organizaciones Regionales de Gestión Pesquera (RFMO) están enfatizando crecientemente la gestión de pesquerías sostenibles en documentos de programas de políticas, pero la implementación efectiva de dichas políticas suele darse a paso lento. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura informa que el 30% de las pesquerías mundiales se encuentran sobre explotadas o agotadas.
El fallo extendido de las estructuras de gobierno tradicionales para implementar exitosamente políticas de gestión de pesquerías sostenibles, ha creado un nicho para las organizaciones no gubernamentales (ONG) y otros grupos sin fines de lucro para llevar a cabo un rol importante. Están cada vez más activos en la búsqueda de la atención del público, para dirigirla a las prácticas pesqueras no sostenibles alrededor del mundo, y poner presión a los gobiernos y RFMO para implementar medidas con mayor conciencia de conservación y más sostenibles. Recientemente, estas campañas se han ampliado para incluir un enfoque en los productores, revendedores y consumidores a través de procesos tales como la eco-certificación, eco-etiquetaje, promoción y clasificación de las pesquerías gestionadas de forma sostenible y los productos derivados de dichas pesquerías.
Estos grupos variados mantienen objetivos similares, pero los mecanismos para llegar a pesquerías sostenibles son muy diferentes. Los gobiernos y RFMO trabajan a través de un proceso político para alcanzar el mejor compromiso entre la explotación y la conservación, mientras que las ONG y los grupos sin fines de lucro, apuntan directamente a los valores humanos, en cuanto a lo que es bueno y lo que no, a través de la conciencia social y el mercado.
Existe el potencial para la redundancia, puesto que la sociedad paga dos veces, una por el cinturón y otra por los tiradores que mantienen los pantalones de la sostenibilidad puestos. Si los gobiernos y los RFMO ya están satisfaciendo los objetivos de sostenibilidad, entonces ¿a qué se debe que los piscicultores y procesadores deban pagar el coste potencialmente alto (eventualmente transmitido al consumidor/contribuyente) de obtener un segundo sello de aprobación para convencer a los propietarios de recursos (el público civil) que su propiedad se encuentra bien, y los arrendatarios (industria pesquera) están cumpliendo con sus obligaciones legales?
Un sistema fundado públicamente para pesquerías sostenibles, gobernado por la legislación, regulaciones, convenciones y códigos de conducta, puede parecer el enfoque más lógico para administrar la propiedad pública para el bien público de largo plazo. El rol razonable para las ONG y los grupos sin fines de lucro sería el tradicional, de emitir juicios desfavorables y criticar para mantener a los cuerpos administrativos de las pesquerías tradicionales honestos, en lugar de intentar hacer el trabajo por sí mismos. No obstante, el rendimiento pobre y la falta de transparencia de algunos gobiernos y RFMO han resultado en el deterioro de la confianza del público y creó la oportunidad para la sinergia.
La eco-certificación tiene el potencial para mejorar la participación en el mercado de la industria y las corrientes de ingresos, haciendo a la administración más sostenible y más rentable en un corto plazo. También está concientizando a la sociedad sobre la necesidad de contemplar más cuidadosamente qué pescado comemos y si viene o no de una pesquería gestionada de forma sostenible. Por lo tanto, la eco-certificación podría crear un clima más positivo para los gobiernos y los RFMO, para seguir adelante en la implementación de las políticas de gestión de pesquerías sostenibles estancadas.
No hay duda de que las pesquerías sostenibles son de importancia primordial para todos los implicados. Ambas formas tradicionales de gobierno de pesquería, y el nuevo y emergente proceso de eco-certificación, eco-etiquetaje, y clasificación, pueden facilitar la realización de pesquerías sostenibles. La pregunta es, ¿necesitamos las dos? De momento, debemos decir que sí. Las medidas tradicionales han sido lentas para tratar con la enormidad del problema de la sobrepesca. Hay redundancia en las ONG y grupos sin fines de lucro, que no confían en los gobiernos y RFMO en cuanto a sostenibilidad, pero es el lado sinérgico de la ecuación el que necesita enfatizarse. Sí, necesitamos un cinturón y tiradores para mantener los pantalones de la sostenibilidad puestos, al menos por lo pronto.
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